Salud Mental 1.0: Trastorno límite de la personalidad, el dolor del vacío

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales-5 describe el Trastorno Limite de la Personalidad (TLP) como una inestabilidad persistente en las relaciones, la autoimagen y las emociones e impulsividad significativa. El diagnóstico requiere la presencia de al menos cinco de los siguientes síntomas:

  1. Sentimientos crónicos de vacío, los cuales hacen que la persona busque maneras de llenarlo haciendo diferentes acciones como comprar, comer o hasta cortarse.

  2. Inestabilidad emocional reactiva a los acontecimientos cotidianos, como episodios intensos de tristeza, irritabilidad o ansiedad que suelen durar unas pocas horas y rara vez más de unos pocos días.

  3. Esfuerzos frenéticos por evitar un abandono real o imaginado, causando que en algunas ocasiones se amenace con la vida para no perder la relación.

  4. Inestabilidad significativa o persistente en la autoimagen o en el sentido de identidad.

  5. Comportamiento impulsivo, como gastos excesivos, actividad sexual, abuso de sustancias, conducción temeraria o atracones de comida.

  6. Ira intensa o dificultad para controlar la ira, incluyendo frecuentes estallidos de mal genio, enfado constante o peleas físicas recurrentes. Esta es la razón por la que familiares y amigos describen sentirse como si estuvieran caminando sobre cáscaras de huevo.

  7. Un patrón de relaciones intensas e inestables, caracterizado por oscilaciones extremas entre la idealización y la devaluación.

  8. Conductas de riesgo suicida o autolesiones

  9. Pensamientos paranoicos transitorios o síntomas disociativos graves.

Para Masha Linehan la causa del TLP es el ciclo destructivo que se forma entre el niño altamente sensible y el entorno invalidante a lo largo de los años. Cuando un niño biológicamente vulnerable es constantemente invalidado, aprende a desconfiar de sí mismo y de lo que siente. Como su entorno le dice que sus emociones están mal, pero él las sigue sintiendo con una intensidad insoportable, entra en un estado de caos interno. Al no tener herramientas para regularse, la persona aprende (de manera inconsciente) que las conductas impulsivas, los estallidos de ira o las autolesiones son las únicas formas efectivas de comunicar su dolor extremo y conseguir que el entorno por fin responda o valide su sufrimiento. A esto culturalmente se le llama manipulación, cuando en verdad es una respuesta defensiva.

Para Peter Fonagy el TLP surge principalmente por problemas en la infancia que impiden a la persona aprender a manejar sus emociones. En los primeros años de vida, cuando el bebé necesita aprender a entender lo que siente a través de la interacción con sus padres. Si los cuidadores no tienen la capacidad de entender las necesidades del bebe y responden de manera fría, inestable o reaccionan a la angustia del niño con pánico o agresividad en lugar de calmarlo, ocurre un fallo que afecta sus capacidades de auto conocimiento y regulación de las emociones. Al no tener un "espejo" emocional sano que le enseñe a tranquilizarse, el niño internaliza esa ansiedad de los adultos. Esto genera con el tiempo un sentimiento crónico de vacío o la sensación de tener una identidad que no siente como propia.

Esta falta de una base emocional segura impide que el niño desarrolle correctamente la "mentalización", la capacidad de entender con claridad lo que uno mismo y los demás están sintiendo o pensando. Para poder soportar el dolor, el niño se ve obligado a "apagar" su radar emocional como mecanismo de defensa. Prefiere desconectarse para poder sobrevivir psicológicamente a la situación.

Al llegar a la vida adulta, esta desconexión emocional trae consecuencias severas. Ante cualquier situación de estrés, la frágil habilidad de la persona para entender las emociones colapsa por completo, lo que provoca grandes malentendidos y reacciones desbordadas. En ese estado de caos, conductas como las autolesiones suelen aparecer como un intento desesperado por aliviar la angustia interna y lidiar con ese vacío.

Sofía lleva dos meses saliendo con Andrés. Al principio creía que era "su alma gemela" y la persona perfecta. Un martes, Andrés tarda tres horas en responderle un mensaje de WhatsApp. Al ver que no responde, Sofía entra en pánico y se convence de que él ya no la quiere y la va a dejar. De inmediato, su percepción cambia radicalmente: pasa de amarlo a odiarlo, y le envía varios audios gritándole e insultándolo. En medio de su angustia, empieza a imaginar genuinamente que Andrés está con otra persona riéndose de ella. Cuando Andrés le explica que estaba en una reunión larga, Sofía se siente culpa y tristeza que le durarán el resto del día. La invade una fuerte sensación de que no vale nada y de no sabe qué hacer con su vida. Para intentar calmar ese dolor interno, termina haciéndose pequeños cortes en el brazo.

Recuerda que este articulo es informativo, si te identificas con los síntomas, busca ayuda profesional.

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