Salud Mental 1.0: Normal vs. Saludable

Muchas veces tenemos la tendencia de usar “normal” y “saludable” como sinónimos,

pero en psicología y en salud mental son conceptos muy diferentes. Lo “normal” se

refiere estrictamente a una norma estadística: a lo que le ocurre a la mayoría de las

personas o lo que está socialmente aceptado. Lo “saludable” se refiere a la

funcionalidad; a lo que nos permite funcionar de manera óptima.

Toda emoción, pensamiento, conducta y/o límite que promueva equilibrio, y capacidad

de gestión, afrontamiento y disfrute es saludable y beneficioso para la salud mental.

Siempre me meto en problemas con este ejemplo, pero me parece que es bueno para

entender estas diferencias: Lo normal en Panamá es ofrecer bebidas alcohólicas en las

fiestas de quince años a los invitados menores de edad. (Ya sabes para dónde voy…)

Es claro que esto no es saludable (tampoco legal), pero es normal. Este fenómeno de

la “normalidad tóxica”; se extiende a otros ámbitos. Por ejemplo, es “normal” vivir

estresado, dormir cuatro horas y almorzar frente a la computadora porque “hay mucho

trabajo”. Socialmente, esto incluso se aplaude como señal de compromiso. Pero ¿es

saludable? Para nada. El hecho de que “todo el mundo lo haga” no significa que le

haga bien.

En cuanto al tema de la salud mental, estar saludables no lo indica el hecho de estar

libre de enfermedades o diagnósticos, sino el tener capacidades. Recordemos la

definición de salud mental de la OMS: “estado de bienestar mental que nos permite

enfrentar a los momentos de estrés de la vida, desarrollar nuestro potencial, aprender y

trabajar adecuadamente y contribuir a la comunidad”. Si lo vemos desde la parte física,

estar sano no es solo no tener una enfermedad; es tener la capacidad de usar nuestro

cuerpo de manera óptima. En salud mental el estar sano es tener una actitud positiva

hacia la vida, a pesar de las dificultades que pueda tener, sentirse bien acerca de sí

mismos y los demás y actuar de manera responsable en las relaciones y el trabajo.

Además, una persona saludable no es aquella que siempre sea positiva y sonriente, y

jamás tenga problemas o estrés; es la que tiene la capacidad de ser flexible

psicológicamente. Los siguientes son rasgos que una persona emocionalmente

saludable puede poseer:

1. Resiliencia: La capacidad para lidiar con las adversidades de la vida y seguir

adelante y/o adaptarse a la realidad. (Ej.: La vida te golpea con la pérdida de un

ser querido; te duele, tomas un tiempo para hacer tu duelo y luego vuelves a tu

vida diaria)

2. Regulación emocional: El poder sentir la gama de emociones, regulándolas sin

reprimirlas. (Ej.: Estás enojada y decides cómo responder, dejando de lado la

reacción impulsiva)

3. Autonomía: La capacidad de tomar decisiones o tener opiniones sin necesitar la

aprobación de los otros.

4. Percepción de la realidad: La capacidad de ver las cosas desde la realidad y

sentir que vale la pena intentar hacer lo que se pueda. (Ej.: Si lo más probable

es que llueva, aunque mate por un día soleado, voy a llevar mi paraguas y por lo

menos no me mojo).

5. Establecimiento de límites: El saber decir no sin culpa y entender que poner

límites no es un acto de egoísmo, sino de autocuidado para proteger la energía y

el espacio mental.

6. Autocompasión: El tratarse a uno mismo con amabilidad cuando fallamos (a

diferencia de la autoestima, que a veces depende de logros); ser ese buen

amigo para uno mismo al cometer un error, en lugar de ser nuestro juez más

severo.

El camino hacia la salud mental comienza cuando nos atrevemos a cuestionar lo

normal. Hace falta valentía para mirar nuestras costumbres, nuestras rutinas y nuestras

relaciones y preguntar: “Esto es lo que hace todo el mundo, pero ¿me hace bien a

mí?”.

Toda emoción, pensamiento o conducta que promueva tu equilibrio y tu paz mental es

saludable, aunque nadie más a tu alrededor lo esté practicando. La invitación de hoy es

simple: deja de intentar ser normal y empieza a priorizar ser saludable.

Siguiente
Siguiente

Salud Mental 1.0: Mitos y realidades